
Hace unos días leí en El Cronista una columna de Claudio Zuchovicki, donde extraje un viejo cuento que quiero compartir con ustedes:
Un nuevo trader le cuenta al gurú de la bolsa su sueño de empezar a operar. Este lo somete a un test de lógica bursátil:
Pregunta el gurú: Dos señores bajan de una chimenea, uno con la cara limpia y otro con la cara sucia. ¿quién se lava la cara?
Responde el aspirante a trader: supongo que la trampa está en no complicarse, el que se lava al cara es el que la tiene sucia.
A lo que el gurú responde: Error. El que tiene la cara sucia ve al de la limpia y piensa que tiene la cara limpia por lo tanto no se lava, el de la limpia ve al de la sucia y por lo tanto se lava.
La lógica del mercado es muy particular, uno tiende a actuar como cree que van a actuar los demás. Entonces todos terminamos tomando decisiones no sobre como nos parece, sino sobre cómo creemos que van a decir los demás.
El test no termina aquí.
El aspirante a trader dice: creo que ya entendí. ¿Me puede dar otra oportunidad?
El gurú: Veamos entonces, le repito exactamente la misma pregunta de la chimenea.
El aspirante a trader: Si entendí la lección, no debo ser necio, por el razonamiento anterior “se lava el de la cara limpia”.
Responde el gurú: Tampoco. La respuesta ahora es “se lavan los dos”. Porque cuando el de la cara limpia se lava, el otro también lo hace por reflejo, por vergüenza o por las dudas.
El mercado es un juego también de autoestima, si uno ve que todos venden, vende o al revés.
Por eso gana el que no sigue al rebaño, sino el que logra imponer su idea al rebaño.
Este viejo cuento, no solo aplica a la bolsa. Los inversores de capital de riesgo actúan de la misma manera. Todos siguen al rebaño. Si uno puso una ficha en un start-up, muchos tratan de sumarse al mismo proyecto co-invirtiendo o bien invirtiendo en un competidor del mismo, ya que no se quieren perder la próxima “ola” de oportunidades.
Me acuerdo que algo similar lo viví en carne propia en la época previa a la burbuja punto-com, cuando como emprendedor, salí a levantar dinero para CuponesOnline.com.
Al principio, nos era difícil conseguir el dinero. Incluso a pesar del contexto favorable y dulce para las empresas punto-coms. Luego, cuando conseguimos que nuestro primer seed investor nos firmara un cheque (Federico Agardy, también seed investor de Patagon), era increíble como muchos inversores nos golpeaban la puerta e increíblemente se peleaban para tomar una participación.
Es más, hasta hemos tenido una oferta para hacer “cash out” de parte de las tenencias accionarias del founders team, cosa que hoy me arrepiento no haber aceptado, ya que los certificados de acciones que en ese momento prefería tener en mi poder sólo me sirvieron como papel higiénico unos años después, cuando ya no habían mas inversores.
Y no habían mas inversores, porque los inversores siguen al rebaño. Después del estallido de la burbuja punto-com, los negocios de Internet eran una mala palabra y ya nos era imposible conseguir financiamiento.
Pero los inversores no son los únicos que siguen al rebaño. Los emprendedores también.
Siguiendo con la historia de CuponesOnline.com, cuando nosotros lanzamos dicho emprendimiento, habíamos sido los primeros y únicos en Latinoamérica en emular el negocio de CoolSavings.com y e-Centives que eran muy populares en EE.UU. (En un par de viejos posts escribí sobre las desventajas de ser First Mover).
Pero, después de lanzarnos al mercado, nacieron Promored.com, Sudescuento.com, Todopromociones.com y unos 10 competidores más en la región.
Lo mismo sucedió con las canchas de paddle, parripollos, videoclubs, silver solarium, negocios de todo por $2, etc.
Esto es algo que no se puede cambiar. El mercado funciona así. Todos siguen al rebaño.
Por eso recuerden que el que gana es el que no sigue al rebaño, sino el que logra imponer su idea al rebaño.

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